El Gobierno aprobó ayer un nuevo paquete de reformas para frenar la tensión que se ha vivido en los últimos días en los mercados. Las medidas no están mal encaminadas pero el modo en el que se toman, de forma improvisada y como reacción, las desvirtúa. Las privatizaciones de AENA y de las Loterías del Estado no tendrían que ser negativas. De hecho la ex ministra de Fomento Magdalena Álvarez ya anunció una privatización de los aeropuertos. Pero ahora se va a llevar a cabo en caliente, sin las garantías que fueron fijadas por la ex-ministra y con el único propósito de hacer caja. No responde a un plan que busque introducir la iniciativa privada en el sector del transporte aéreo.
La privatización de parte de la Lotería supondrá en un futuro la pérdida de importantes ingresos. La mejora del tratamiento fiscal de las PYMES era absolutamente necesaria. Aunque llega tarde, es positiva. El problema es que tampoco es una respuesta encuadrada dentro de un plan fiscal capaz de reducir el déficit y dinamizar le economía. Se suprime la ayuda de los 426 euros a los parados que han dejado de cobrar la prestación por desempleo. Noticia que nos llega el mismo momento en que el Banco de España nos cuenta que el 40 por ciento de los parados vive en un hogar donde nadie trabaja. Mientras, se sigue aplazando la reforma laboral necesaria. La reforma de las pensiones es un buen ejemplo de la improvisación del Gobierno: primero la anunció para finales de año, luego la aplazó a primavera y ahora la fija a finales de enero.